Menú

Resuelve los conflictos

Resuelve los conflictos

María González-Aller Zavala

En toda relación existen diferencias. Un conflicto es una situación de desacuerdo en la que dos o más personas quieren conseguir objetivos que no parecen ser compatibles y que les lleva a un enfrentamiento. Qué difícil nos resulta y cuántas veces tenemos que enfrentarnos a ellos, en muchas ocasiones por cosas importantes, pero en la mayoría de los casos por cosas menores y por malos entendidos. Nos cuesta resolverlos porque poca gente está entrenada en una adecuada comunicación. Comunicar lo que queremos decir correctamente y escuchar de manera activa al otro, es un arte y la base de su resolución. Precisamente, un conflicto mal resuelto da pie a otros muchos que al final se acaban enredando y causando un malestar de fondo, que acumulado, suele distanciar a las personas.

No sólo es importante lo que tenemos que decir, sino la forma en que lo decimos. Igualmente importante es lo que tiene que decirnos la otra persona y la manera que tenemos de escucharla. A la capacidad de combinar adecuadamente estos dos aspectos, haciendo eficaz la comunicación, se le llama Asertividad. El respeto por el otro y por uno mismo, así como la franqueza unida a la delicadeza, son las claves.

Para resolver un conflicto es esencial centrarnos en la situación presente y no sacar temas pasados, ni antiguas quejas. Cuando falla la comunicación y no acostumbramos a expresar nuestros malestares sucede que, ante un conflicto, termina estallando la “olla a presión” que hemos ido cargando durante largo tiempo, en forma de reproches, descalificaciones, humillaciones, burlas y sarcasmos.

Hablaremos en primera persona, expresando de manera clara, directa y precisa lo que nos molesta de la situación concreta y el cómo nos sentimos. En ningún caso emplearemos generalizaciones sobre el comportamiento de la otra persona, ni usaremos etiquetas. Cambiaremos, por ejemplo,”eres un desastre” por “no me gusta que hagas…”

Realizaremos una petición de cambio, poniéndonos en el lugar del otro: “entiendo que para ti puede resultar complicado, pero me gustaría…” para que la otra persona perciba que la tenemos en cuenta.

Mostraremos interés por cómo se siente la otra persona tras habernos expresado, preguntando directamente: “Me gustaría saber cómo te sientes con lo que te he dicho…”

Escucharemos la réplica con interés, curiosidad, atención y actitud receptiva, sin mostrarnos a la defensiva y respetando su turno de palabra. Pensaremos que aunque lo que recibamos sea algo que no nos guste, el objetivo es tener una información que nos ayudará a mejorar la relación.

De este modo, procuraremos mantener un diálogo llevando a cabo una negociación, siendo flexibles para llegar a un punto de acuerdo, que será útil a ambas partes. No olvidaremos agradecer a la otra persona su sinceridad, su escucha y su buena voluntad para resolver el conflicto.


María González-Aller Zavala

Abraza la Belleza

Psicóloga Clínica – Máster en Psicología Clínica y de la Salud – COP. M-24369

647 72 87 67

Comentar

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Compartir esto