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Hernán Zin

Hernán Zin

HERNÁN ZIN

LA MIRADA DE LOS NIÑOS ES LA QUE LLEVA MAYOR VERDAD

LOS NIÑOS TIENEN UNA CAPACIDAD DE RESILIENCIA ENORME

NACIDO EN SIRIA

Hernán Zin, director de «Nacido en Siria»

“La mirada de los niños es la que lleva mayor verdad”

Conocí a Hernán Zin en los Campos de refugiados del Sáhara. Siempre con su cámara en mano, siempre atento a la mirada de los más débiles, de aquellos a los que nadie escucha, pero a los que Hernán se empeña en darles voz.

Desde entonces sigue una amistad y sobre todo una gran admiración por lo que está llevando a cabo. Cómo él afirma, “en ocasiones ya me siento viejo” porque son más de dos décadas cubriendo guerras, desastres, injusticias y dando visibilidad a los que sufren. Por eso, y quizá porque Nacido en Siria ha sido desgarrador, su próximo proyecto será una película de ficción.

 

Hernán, ¿Qué te llevó a embarcarte en Nacido en Siria?

Me encontraba Nairobi grabando un documental sobre la matanza de los elefantes y vi en televisión al pequeño Aylan Kurdide 3 años ahogado boca abajo en una playa del suroeste de Turquía, una imagen que me conmovió hasta el punto de dejarlo todo. Cogí un avión pasé por Madrid preparé todo rápidamente y me fui para Hungria. Ahí empecé Nacido en Siria que he rodado durante un año por 11 países diferentes.

Y una vez en ese terreno ¿Qué fue lo que viste y lo que encontraste?

Fue desolador, miles y miles de personas deambulando, yendo de un sitio para otro… fue terrible y lo único que pensé es acompañarles, seguir el camino con ellos. Creo que la que la mejor manera de contar algo es estar a su lado.

¿Por qué elegiste la visión de los niños para narrar la historia?

Porque ellos tienen una visión clara de las cosas, no están contaminados, ven las cosas como son. Ellos sufren el horror, las penurias de este camino pero a la vez son espontáneos. En medio del caos llevan sus juguetes, se paran a jugar, te regalan una sonrisa.

¿Qué es lo que vamos a ver en Nacido en Siria?

La película gira en torno a once testimonios de un grupo de niños que viven los abusos de las mafias, la adversidades del mar y sobre todo la incertidumbre y la vulnerabilidad al llegar a la «tierra prometida» que en muchos caso es hostil. Una de las historias más duras es la de Kais, un niño que sufre una desfiguración en el rostro, torso y una mano, tras la explosión de un barril, que da al espectador la cara más dura de unos niños que tienen que vivir con las imágenes de la muerte y la guerra. Una triste realidad que todavía no ha terminado.

¿Cómo fue el rodaje?

Ha sido el rodaje más complicado que he hecho en mi vida, porque las rutas iban cambiando. Al principio era por Hungría y Serbia, pero luego se cerró por allí y se abrió por Serbia, Eslovenia, Croacia y Austria. Perdía a los personajes y me costaba reencontrarlos.

 ¿Cómo has seleccionado a los niños que protagonizan el documental?

Simplemente con intuición. Ves al que te mira, al que tiene ganas de contar su historia… Logísticamente fue una pesadilla, porque hemos rodado en 12 países, la gente iba muy rápido y les perdíamos el rastro. Los propios gobiernos no nos dejaban pasar a veces, como Macedonia o Turquía, que nos pusieron muchos problemas.

 

“ Los niños tienen una capacidad de resiliencia enorme”

 

¿Qué vínculo estableces con los niños cuando estás allí sobre el terreno?

En mi caso, es un vínculo paternal. Les cojo mucho cariño, sufro casi más que ellos… seguro.. Te rompe el corazón el contraste entre la dureza de la situación y la mirada infantil. Para un niño pequeño es muy duro hacer a pie un viaje así, la patera, la comida de mierda, dormir en cualquier lado.

¿Cuál fue el momento más duro del rodaje?

Hubo momentos muy duros, incluso durante unos días tuve que dejar la cámara y casi abandonar. Uno de los testimonios más duros es el de Kais (niño desfigurado en el rostro, el torso y una mano) . Es un niño dulce y entrañable. Tenemos la obligación moral de mirarle a los ojos. Como narrador nunca he escatimado en ser explícito..

¿Por qué es importante que veamos esta película?

La película va a dar mucho que pensar al ciudadano europeo. Yo he llorado muchísimo, he tenido que bajar la cámara en muchos momentos. No es un éxodo africano, que quizás nos provoca menos empatía. Esto ocurría en Europa, en la puerta de mi casa. Hay que entender que no se trata solo de que consigan llegar, sino de recibirlos. Parece que olvidamos que vienen de una guerra atroz.

¿Van a poder tener estos refugiados un futuro en Europa?

Como se ve en la película los niños aprenden el idioma, absorben, se integran… y a los padres en cambio les cuesta adaptarse. Los niños no van a tener ningún problema con la integración.

 

“España es un país integrador”

 

¿Se les va a dejar?

Sería lo inteligente, que no se hagan guetos es por el bien de todos. En ese sentido, creo que España es un país integrador, al que han venido 5 millones de inmigrantes en muy poco tiempo y no se han creado guetos.

 ¿Crees que se va a terminar esta crisis?

Yo soy optimista y espero que termine pronto. El desgarro que está viviendo Siria es terrible. Vivimos en un mundo con menos pobreza y violencia que hace 50 años, pero tenemos otros problemas: la alienación, los teléfonos móviles, el medio ambiente. La guerra, en número de países implicados y de muertos, no es lo que era. Veo un mundo más en paz y próspero.

 


Contar la guerra desde la mirada de sus víctimas

Un presupuesto muy ajustado y muchas horas en el campo de batalla bastaron para que su anterior película, Nacido en Gaza, fuera un éxito. Hernán Zin (Buenos Aires, 1971) acumuló premios y proyecciones por medio mundo con una fórmula tan sencilla como compleja: contar la guerra desde la mirada y la voz de sus víctimas más vulnerables, los niños. Ahora, el reportero afincado en Pozuelo de Alarcón, se ha vuelto a poner tras el objetivo para narrar con Nacido en Siria, el éxodo de millones de personas provocado por la guerra en Siria.

 

 

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