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Destino Activo nos propone disfrutar de la maravillosa naturaleza del Valle del Jerte

Destino Activo nos propone disfrutar de la maravillosa naturaleza del Valle del Jerte

En TR vimos a través de sus ojos los cerezos florecer y ahora entre mayo y julio, si nos permiten viajar, nos invitan a recoger y saborear sus exquisitas cerezas.

 

Hay paisajes que no se describen con una foto, para mí el cerezo en flor en el Valle del Jerte es uno de ellos. He tenido la suerte de verlo desde hace 29 años, pero este año he tenido que perdérmelo, por responsabilidad y compromiso con la lucha para parar el COVID-19.

Pero, si cierro los ojos, puedo recorrer algunos de los rincones más bellos de esas sierras que encajonan el río Jerte y lo dirigen desde el Puerto de Tornavacas hasta la ciudad de Plasencia, en un viaje de apenas 50 Kms.

Viajar no sólo está ligado al desplazamiento físico, el viaje comienza en la imaginación cuando te proyectas en el destino y se alarga en el tiempo con los recuerdos que se arrinconan dentro de ti, fruto de los instantes vividos.

Hoy podría llevaros a la Garganta de la Puria, y andar entre los robles centenarios, pelados por el invierno, tristes, como pidiendo con su silencio la llegada de la primavera. Podría describiros la vereda estrecha por la que bajamos en busca de la cascada principal, mientras disfrutamos del rumor del agua que resbala encajonada en el vientre de la tierra. Mis ojos se desvían hacia el lugar donde otras veces he visto florecidas las peonías o rosas de Alejandría. Aunque en este año, de cerezo temprano, aún están dormidas. Podría hablaros de aquella foto que les hice a Julián y Natalia, mis descubridores de Extremadura. Natalia, brillando de juventud, y Julián con gorra y perilla negra, ambos me ayudaron a amar Extremadura, a convertirla en una parte de mi alma, ese rincón del mundo que habito y me habita.

Valle del Jerte

Podría describiros una ruta que hice con unos clientes, hace más de 8 años, la mañana empezaba lluviosa y provocó que ellos se plantearan suspender el recorrido, tras enseñarles, en el móvil, las previsiones meteorológicas locales se decidieron a montarse en el 4×4. Las nubes eran nieblas en el fondo del Valle. Yo sabía que debíamos hacer tiempo y por eso nos fuimos a ver “las Catedrales del Bosque”, esos castaños mágicos de entre 400 y 800 años que resisten, nobles, en la espesura de la sierra y rodeados de robles, que parecen fieles escuderos a su lado. Tras una cuesta breve con imponente pendiente, los ojos de mis clientes se llenaron de brillo y sorpresa al encontrarse de frente con la espectacularidad del Castaño del Escondelobos, al que se le calculan cerca de 800 años. Estar junto a estas catedrales naturales, no te dejan indiferente y se graban en la memoria del viajero, para aparecer, en algún momento, de forma recurrente. Aquella ruta, continuó por las carreteras que ponen rumbo al pueblo más alto de Extremadura: Piornal, ubicado a 900 metros de altitud, y donde enseñamos una preciosa cascada alejada del circuito turístico convencional. Desde allí fuimos cogiendo carreteras y carriles de “cereceros” y los ojos se llenaron de blanco poco a poco. Avanzábamos entre fincas de cerezos, pequeñas parcelas en terraza que construyen una orografía artesanal y labrada a mano, pequeñas tierras donde, a veces, cabe una línea de 5 árboles. Fincas agrícolas ganadas a la pendiente de la sierra y que se han convertido en el futuro de los habitantes del Valle, que producen las cerezas y picotas de mayor calidad y mejor sabor de España, como reconoce su sello de Denominación de Origen.

 

Estos árboles regalan la mejor bienvenida a la primavera extremeña: con la floración de más de un millón y medio de cerezos, convirtiéndose en uno de los espectáculos naturales más impresionantes de nuestro mundo rural y que suele producirse entre el 19 de marzo y la primera semana de abril, de cada año.

La flor del cerezo es delicada, blanca como la nieve, prieta. El cambio de luces la pone bella o más bella, dependiendo de la intensidad de luz. A esas alturas del viaje, ya no recordábamos la lluvia inicial, sólo estábamos pendientes de la belleza de la naturaleza, exuberante en estas sierras, donde se mezclan bosques, con cascadas, bellas panorámicas serranas que parecen postales vivas y los cerezos que tiñen de blanco las sierras. Ese día nos regaló el juego de luces, más bonito que recuerdo, en una tarde de primavera. Las nubes y el sol jugaban en cada rincón, generando sensaciones lumínicas dignas del mejor espectáculo del mundo… La naturaleza.

Valle del Jerte

Pero el Valle del Jerte, además de la floración de los cerezos, regala otros momentos únicos que merecen una escapada:

  • La recogida de cerezas entre mayo y julio, donde organizamos tours para visitar el Valle del Jerte y conocer de primera mano la actividad de recolección. Visitamos una finca donde podréis aprender a recoger las cerezas del Jerte y llevaros unas cajas de este manjar.
  • Las piscinas naturales en verano, desde mediados de junio hasta finales de agosto, donde encontramos numerosas piscinas de aguas cristalinas en entornos naturales de gran belleza y realizamos una ruta 4×4 para disfrutar de los mejores baños del Valle del Jerte.
  • O la otoñada, entre finales de noviembre y principios de diciembre, uno de los momentos más mágicos del Valle en los que el bosque se tiñe de múltiples colores y se muestra en el momento de mayor belleza del año.

Hay destinos a los que las letras se le quedan cortas, por eso os animamos a viajar al Valle del Jerte en los próximos meses y vivir momentos únicos.

Raúl Virosta. CEO Destino Activo

 

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